Jueves, 30 de marzo

30 de marzo

Topándonos con las expectativas. Compartir aula es mucho más que trabajar en el mismo espacio. A priori, dos maestras deberían tener claro qué hacer y cómo en un aula. Pero una realidad tan compleja y sin la construcción previa de una visión conjunta de lo que significa estar en un aula, atender a niños, y el aprendizaje, topará de inicio con la necesidad de compartir esta visión.

Entran en juegos nuestros primeros análisis y por tanto la guía para crear este discurso compartido. Las primeras evidencias saltan al comprobar que hay distancia considerable en lo que entendemos por:

-       Qué puede y qué no puede hacer un niño durante las sesiones. Límites y normas.
-       Manejo del tiempo: a qué dedicamos el tiempo de aula
-       Complementariedad. ¿Qué hace la profesora de apoyo?


Tras la sesión del día 30 y el surgir convulso de estas apreciaciones, decidimos reflexionar sobre las preguntas y las dudas que hay detrás y volver a observar en aula estos ítems.

El primero, el movimiento y los comportamientos de los niños nos llevan a cuestiones previas tan primarias como:

-       puede o no un niño salir del aula para ir al servicio durante la sesión.
-       ¿Toleramos que haya niños que no están trabajando?
-       ¿Qué respuesta ha de tener un alumno que interrumpe a la maestra o que no deja trabajar o escuchar a sus compañeros’

Ambas maestras tienen claro que la iniciativa y la respuesta parte de la que en ese momento lleva el aula, pero es evidente, también, que si queremos interactuar con los alumnos en una sesión en la que hacemos apoyo inclusivo, no queda más remedio que intervenir en todas las situaciones de aula. Y por ello, hay que consensuar y partir de acuerdos previos. No podemos, ante cualquier pregunta responder al niño: “ahora le preguntamos a XXXXX”, o bien “esperemos a que venga XXXXX” y le preguntas.

De nuevo aparece el miedo a no actuar correctamente, según el parecer de mi compañera, a la vez que evidenciamos las diferencias de ideas sobre lo que es mejor en esa situación. La suerte, en nuestro caso, es haber compartido ya muchas horas con los mismos grupos y por ellos tener una visión muy realista de las necesidades y peculiaridades de los niños de cada aula. Y en cierto modo un protocolo no escrito, que lleva a actuar de una manera muy acertada en la mayoría de los casos.

No obstante, y como primera apreciación y conclusión de esta sesión: la necesidad de hablar y consensuar esa visión compartida de acuerdos y actuaciones en el aula. ¿Qué hacemos cuando XXXX pide salir del aula?; ¿cómo reconducimos a XXXXXX cuando se distrae y llama la atención?, etc.


Cuando esto no es así, se generan situaciones de incertidumbre, diferencias que distraen y provocan inseguridad. Sólo con un buen trabajo de equipo y la consideración de que somos eso, un equipo, con la flexibilidad que esto requiere puede llevar por buen camino estas diferencias, lógicas.  

Comentarios

Entradas populares de este blog

Conclusiones finales

Viernes 12, la última con Orientación.

Tras las reuniones iniciales, lazamos el proyecto de trabajo