Conclusiones finales

El potencial de aprendizaje que encierra la dinámica de compartir aula es impresionante. Apenas hemos caminado unos pasos y no paramos de sacar ideas, reflexiones y posibilidades. Cada sesión es un panel inmenso de elementos a considerar. Las reflexiones con los compañeros han sido muy interesantes, pero ¿y yo?

Desde que entras por la puerta ves de otra manera. Si sabes qué observar lo automatizas:

-       El aula puede estar ordenada, destartalada, con desorden pero controlada, o desordenada como muestra de lo que pasa allí. Es curioso, pero estos patrones se perciben nada más llegar. Sí, marcan la dinámica y su continuidad. Hay profesores que aun no apareciendo en escena, están allí. Cuesta encontrarles entre niños o sentados en las mesas con ellos, pero el aula respira al ritmo que ha marcado la tutora de cuarto. Es curioso, es muy interesante. Por el contrario, en algún otro aula, cuesta ver a la maestra, pero también saber qué están haciendo y por qué. Y esto hay que traducirlo en aprovechamiento y aprendizajes. Los niños te dicen con sus actitudes y trabajo qué y cómo están aprendiendo. Así que el /la profesor/a estructura el aula con el trabajo, con su modelo, con su organización, gestiona recursos, personas, tiempos, etc. Un rol estratégico precioso que enriquece la imagen del/la maestro/a. Ese es el rol del siglo XXI, la marca de un buen profesional.

-       La manía de hablar mucho y hacer poco. Efectivamente, se constata día tras día la relevancia escasa que tiene para los niños escuchar por escuchar. La exposición en sí no hay que desecharla ni hacer apología en contra de lo tradicional. Es más simple, hablamos después de haber experimentado, cuando hemos entrado en contacto directo con una realidad, cuando tienen interés por algo, cuando es necesario aclarar. Pero si solo hablamos y pretendemos explicarlo todo antes de que al niño le surjan las dudas o las ganas de saber, queda en casi nada nuestro discurso. Nos cuesta como profesores asumirlo. El niño aprende de múltiples formas, una de ellas oyendo, pero o le damos significado a lo que oyen o seguirán siendo ilustres invitados pasivos a un discurso. Aprender haciendo, además de ser más divertido es eficaz.

-       Como todo lo nuevo cuesta, y es un proceso. Abordar un programa como este de cambio metodológico movido por una herramienta concreta (en este caso co-teaching) implica necesariamente asumir que es un proceso y como tal requiere tiempo, lleva un ritmo y cumplirá objetivos poco a poco. La ambición con la que entras rápidamente precisa reajustarse. Hablamos de personas y con ellas vienen sus vivencias previas, sus prejuicios, su experiencia docente, y sus características personales. Hay mucho de psicología y de implicación personal en todo ello. Sólo desde ahí podemos “acompañar” más en los cambios que en la implementación pura y dura de unas técnicas concretas. La valoración de la experiencia crece si lo vemos así. Los objetivos concretos que no se han podido cumplir tal y como los pensé antes de entrar en faena, pero también pierden peso si vemos ahora, con esta perspectiva, lo andado. Las resistencias, los miedos, las reservas, las expectativas de éxito o fracaso sólo se comprenden tras el diálogo del día a día, las reflexiones y los gestos, las miradas o los malos momentos. No siempre te apetece o estás preparado para estar acompañada en tu clase por quien viene a analizar cómo se trabaja y qué se hace en cada minuto. Esto lo debo entender y respetar para poder valorar realmente qué hemos logrado. Estamos al inicio de un proceso, como equipo, como profesional de la psicopedagogía y como profesores en cambio. ¡Qué más podemos pedir que haber comenzado!

-       Y lo mejor, los niños. No debemos olvidar que tras cada herramienta o estrategia didáctica, organizativa, metodológica, etc, están los niños y las niñas del cole, de cualquier aula, de cualquier colegio, que son los receptores últimos de cuanto hacemos.  Y ellos nos dicen mucho más de lo que vemos, si no nos fijamos. He estado con ellos, me han contado lo que les gustaba, cuanto hacían, lo que aprendían y lo que habían descubierto. Sin duda lo mejor era siempre esto último. Cuando en un aula un niño te dice que está descubriendo o que lo que ha visto lo sabía por algo, la conexión es la que buscamos, tal vez esa piedra filosofal tan ansiada y tan sencilla.

El programa de trabajo ha sido demasiado ambicioso, aunque los hitos más importantes se han cubierto. La propuesta de intervención a los profesores con la apuesta por la confianza y la colaboración, la observación experimental y la observación guiada, la elaboración de indicadores, y la puesta en práctica de los mismos. Los tiempos se han tenido de reajustar.

Para empezar los tiempos de inicio fueron más largos de lo previsto, la concienciación y la clarificación de cuanto íbamos a hacer fue ágil, pero en la práctica necesitamos más sesiones de observación guiada.

A partir de aquí todo fluyó bastante mejor. Las observaciones y los diálogos fueron cada vez más interesantes y clarificadores y en abril se cumplieron muy bien todos los hitos. Las vacaciones fueron un problema para la implementación. Rompen el ritmo tanto antes como después.

La propuesta de indicadores nos ha servido para observar otras aulas y otros profesores. Aquí la riqueza se ha multiplicado. El potencial de la herramienta de observación es tremendo ahora. Despersonalizamos la práctica y nos volvemos más técnicos.

Nos quedamos sin tiempo al final. Las últimas sesiones han sido muy productivas. Aunamos la formación del equipo, la experiencia observando y el manejo de los indicadores. Los puentes, las pruebas de evaluación externa, etc, nos han privado de tres o cuatro sesiones más que a buen seguro habrían sido muy provechosas.

En definitiva, con tiempos alterados, la propuesta casi se completa. Nos faltaron las entrevistas estructuradas con alumnos, la propuesta de trabajo al equipo de profesores para los cursos venideros, pendiente de cerrar a fecha de hoy, y la implementación de una unidad didáctica completa con las premisas extraídas de los indicadores.

No obstante, repasemos los objetivos marcados:

FASE 0
1.- Tomar contacto con la realidad del Departamento de Orientación.
2.- Incorporar la línea de trabajo propuesta desde las necesidades que encuentran los orientadores en cuanto a horarios, prioridades, modelo pedagógico, etc.
3.- Pautar horarios y coordinación con Desarrollo Metodológico y orientador para avanzar en el programa.

FASE 1
1.- Dar a conocer esta línea de trabajo, coherente con otras implementadas anteriormente, a los profesores, compartir sus inquietudes y necesidades para diseñar posteriormente las estrategias de trabajo.
2.- Consensuar con el equipo los instrumentos que vamos a utilizar en la implementación de esta estrategia de formación.

FASE 2
1.- Experimentar la observación y el feedback con compañeros de equipo.
2.- Refexionar sobre la práctica educativa en el centro y la mía propia como instrumento de mejora.
3.- Programar y evaluar una secuencia de trabajo en equipo.

FASE 3
1.- Tomar conciencia de los cambios acontecidos y las necesidades detectadas.
2.- Aplicar a la propia práctica estos nuevos planteamientos.
3.- Programar una nueva secuencia incorporando todos los datos obtenidos del trabajo precedente.
4.- Generalizar la práctica co-teaching al equipo de trabajo.


Dejo en verde aquellos objetivos no cumplidos “a día de hoy”, pues en junio haremos la propuesta al equipo para generalizar la práctica en futuros cursos. Intentaremos que la propuesta cuaje realmente, que pase de la experiencia de unas prácticas intensas e interesantes, a una herramienta de trabajo y se incorpore al método y al proyecto.

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